Geografía
Nunca me gustaron los números y por un tiempo odié las matemáticas,
prefiero la geografía.
Recuerdo que en mis primeros años de escuela me divertía con los números,
el uno lo convertía en un barquito con bandera,
el dos era un patito con un ojo que me miraba.
Y así eran todos convertidos en animales y cosas.
Era divertido también hacer familias con los números, el once era hijo del diez y hermano del doce. Que divertido era ese juego, si supieran lo grandioso que era ese juego donde conocí muchas familias de números.
Si todo fuese así en el mundo de las matemáticas seguro hoy, yo fuese una matemática como Al Juarismi y no una escribiente de versos que junta palabras.
No llegué a entender los números fraccionarios, mi maestra los llamaba quebrados, ni sé por qué. Un día mi abuelo partió una naranja en cuatro con un cuchillo pequeño y afilado y me dijo que me comiera un cuarto y que dejara lo demás sobre la mesa. Pensé tanto cuando miraba la brillante naranja y terminé llevándome a la boca el uno y el cuatro.
La matemática terminó en el pizarrón,
y la vida con el tiempo fue la que me enseñó a saborear y a comer las matemáticas,
a entender las fracciones y los números decimales, pero aún prefiero la geografía.
En la facultad conocí a un chico que estudiaba licenciatura en matemática y física.
Él amaba las matemáticas y vivía por las matemáticas,
un día, él me dijo que eran un mal necesario, que si no, que le preguntara a mi bolsillo.
Este chico intentaba siempre mostrarme la cara amable de las matemáticas y aunque no era de mi preferencia era muy interesante oírlo mientras caminábamos las interminables cuadras por la avenida los faroles.
Era una caminata nocturna, al salir de clases cada uno de su facultad, nos refrescabamos con la brisa, no parábamos de hablar.
Yo seguí mi camino,
mis números y mi poca matemática me alcanza para sumar y restar lo que necesito.
Me alcanzó también para entender mínimamente el espacio, el tiempo y su relación.
Yo tengo mi propia teoría, porque mi tiempo, no es el de los relojes, ni mi espacio es donde nací.
Tal vez por eso amo entrañablemente la geografía con gente y todo.
A la geografía habitada y también a la inhóspita.
Me bastaba solo tocar los mapas para sentir el espacio de un lugar. La primera vez que mi maestra llevó un mapamundi a mi salón de clase yo hacía sexto grado,
nunca había visto uno y mucho menos lo había tocado.
En cuanto la maestra entró con él en sus manos y lo apoyó en la mesa yo me vi caminando por su curvatura, me imaginaba que ese mundo era mío.
Para mi era un mapa del mundo era redondo.
La maestra a veces le decía globo terráqueo, esa palabra no me gustaba. ¿ cómo que un globo? No era un globo, era mi mundo y el de mis compañeros del salón.
Por eso prefiero la geografía, la geografía me enseñó historia y mi amor por la historia se fue dando de a poco, de a muy poco,
porque me tenía siempre que convencer de cada cosa.
En cambio el amor por la geografía fue a primera vista, basto un segundo para quererla por el resto de mis días.
Gina.
Comentarios
Publicar un comentario