Poco a poco me acostumbro al frio, los días del invierno a veces los siento cálidos. La nieve cae blanquea mi camino, mi fuente y todo de mi, es tan pura que brilla. La yerba insistente también se acostumbra a cargar la nieve pesada sobre sus hombros. Me acostumbro a caminar rápido sobre las inmensas y profundas huellas que otros han dejado, me dan seguridad para no caer y a confiar en alguien sin rostro. A veces no quiero que la nieve se derrita, quiero que se quede amontonada , que se quede intacta para que los niños jueguen. Y poco a poco el invierno se acostumbra a mi, a verme somnolienta por las mañanas, a verme raspar sin preocupación el hielo del panorámico de mi auto. Me acostumbro al gélido viento que impregna mis mejillas de escarcha e intenta paralizarme, pero ahí está la costumbre de nuevo, diciéndome que hacer para burlar al gélido viento mientras me hago cómplice de la insistente yerba. G...