Tortillas
Tortillas
Y vas a esperar a tu marido sentada en el sofá después de un largo día. Gastado, corcovado del cansancio, entra por esa puerta, paradójicamente lo primero que asoma es su blanca sonrisa y la faz estirada en señal de beso, el cual sin dártelo lo sientes profundamente en tus labios y en tu alma.
Lo recibes como siempre, ayudas a cargar su viejo maletín y vas tras de él, lo acompañas pasillo arriba hasta la habitación, le cuentas tus cosas y masillan un pequeño diálogo de palabras y miradas.
Vas a ofrecerle algo de cenar y parada frente a el le describe su platillo favorito, porque ya sabes la respuesta. Es el mismo platillo de siempre, el infaltable, el de la eterna temporada, el más seguro y del que nunca se niega. Así que al pronunciar la palabra " tortillas" se dice: "magia".
Vas a preparar unas tortillas de maíz perfectas, doradas como el sol, del mismo sol que hace crecer un gran maizal.. mientras se asan las tortillas, haces una salsa con tomatitos verdes, un poco de cebolla y la cantidad de chile o ají que prefieras, porque según se dice que el picante o el chile verde nunca es suficiente aún si han llorado los ojos y la nariz ni siquiera en ese instante se dice: basta. Solo se dice un gran halago al árbol que parió a ese chile.
Ya el calor y el fuego han hecho lo suyo con las tortillas ahora vas a poner queso fresco de campo, lo puedes conseguir en el mercado como queso campesino, solo su nombre da sensación de la pureza de un día de campo, abundancia de verde, que te comerías toda una estancia. Ese es el queso que necesitas, ese que destila leche o agua leche, ese es el mejor. Lo desmenuzas con tus manos encima de la tortilla caliente, y vas a poner la salsa de tomatitos verdes. Vas a pensar que una tortilla en tu país es un batido de huevos que se tira al sartén caliente y que se hacen con toda la paciencia del mundo, esa es el arma secreta de una buena tortilla de huevos. Pero en el país de origen de su marido hacen honor a la descendencia de los Náhuatl, pueblo primigenio hijos del maíz, de este grano nacieron todos los hombres y hoy el maíz es su pan y tortilla de cada día.
Todo en la cocina se pone fragante a maíz tostado y de paso el infaltable café va saliendo de la coladera para competir y hacerse rey no solo de la cocina sino de toda la casa, la nobleza del maíz tostado se queda atrás dándole paso a las intensas aromas del café.
Herman, está casi listo, renovado después de tomar un fresco baño y cambio de ropa cómoda, se ha puesto sus pantuflas acolchadas para descanso.
Te apresuras a poner todo en la mesa dejas una pequeña lámpara que le da calidez al tierno ambiente de la casa. Todo está listo, un par de tortillas muy bien casadas con el queso y una sencilla y vibrante salsa verde se sirve como cena, no se habla mucho, hay sonrisas , miradas cómplices, café caliente, sentidos dispuestos.
Vas a sentirte feliz de ver que tu marido ha comido, quieres que se alargue más ese momento, lamenta no haber hecho un par de tortillas más a cambio de unos instantes de contemplación, de vivir en plenitud la dicha de contar con una compañía y sentir que estás del otro lado para disfrutar de cada rincón y esquina de la casa, incluyendo la apreciada mesa pequeña donde reposan pequeños objetos y tus libros favoritos.
Quedan los platos casi limpios y todavía media taza de café, vas a tomar sorbos más pequeños quieres disfrutar el sabor en boca de las notas afrutadas del café, tu marido lo hace más rápido pero antes de terminar como siempre da las gracias y dice un par de palabras bonitas acerca de la comida. El va a recoger el menaje , lo lleva a la cocina y acomoda todo en el lavaplatos.
Todo vuelve a su lugar en el mismo orden que él ayuda a hacer. Vas a la cocina y pasas una revisión para que no queden vestigios ni grimas de comida sobre los mesones, los olores se han despedido, sientes un alivio remoto de tener una cocina blanca, un blanco bello que pule y hace juego con la piel. Vas hacia adelante y apagas la luz dejando suspiros y silencio. Ya en la sala hay algún cambio de conversación, una que otra mirada, la conexión sigue ahí, intacta. A esta altura del día se anda y se respira con la reserva de energía, ves tu propio cansancio reflejado en tu marido ya son dos que buscan acomodarse en el sofá.
Vas a reposar se puede hacer de todo pero en mínima velocidad es lo mejor, a estas horas donde la calma reina hay que imitarla y ser un espejo de la calma. Ya no vas a hacer nada más por hoy, solo agradecer. Vas a entender que eres la protagonista capaz de crear tú propia historia.
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