Maestra
los niños sonrientes
y con ansias de saber corrían a su encuentro.
La llenaban de abrazos y de halagos,
la miraban con sorpresa
cada vez que la veían.
Muy atentos se sentaban,
algunos sin lápiz y sin nada en su carriel,
deseosos de letras y cuentos se disponían a aprender.
Todo iba bien
en las tardes de calor,
los niños pedían más clases
y a veces pedían amor.
Caritas alegres y con mucho sudor cuyas gotas mojaban sus cuadernos que el sol luego secó.
Para la maestra no era trabajo,
para ella enseñar era su vida,
pasaba la tarde feliz
en medio de una algarabía.
Aprendía de sus niños
que muchas preguntas hacían, buscaba donde acotejar
valiosas experiencias vividas.
Aquellos niños eran luces,
eran las semillas de amor
que algún día crecerían.
Todos quedaron con un pedacito de su
maestra,
ella repartió sus tesoros,
su alma y su vida.
Gina
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